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Hoy es día de “La Historia de…” y nos la cuenta Luisa. Ya sabes que no me gusta poner etiquetas pero para definir un poco la entrada de hoy diré que se trata de una familia homomarental, reconstituida y con perro. ¡ME ENCANTA!


Socialmente se nos puede catalogar de ser una familia atípica y diferente, aunque nuestra vivencia es como la de cualquier otra; incluyendo a nuestra perrita a la que Laia, la más pequeña de la familia, llamó Elsa, como la princesa de Frozen.

Jornadas entre cole, trabajo, clases y estudio, paseos con la perra y ataques de amor, como nos gusta llamar a esos momentos en los que las tres nos tiramos en el sofá a ver una peli de Disney, forman parte de nuestra rutina diaria.

Hace dos años y medio nos conocimos, nos instalamos en la vida de la otra como un torbellino que nos convulsionó la vida y nuestra propia monotonía, y nos enamoramos como dos adolescentes viviendo su primer amor. Sin embargo había un “pero”: nuestra diferencia de edad.

22 años parecían hacer imposible una relación sentimental.

luisa-y-Paula

Incluso nosotras nos lo creímos y después de muchos meses pensando en todos los problemas con los que nos íbamos a encontrar, decidimos empezar a pensar en todas las ventajas que la diferencia de edad nos podía aportar.

Percibíamos las miradas del entorno con incredulidad y muchas suspicacias. Cuando hay una diferencia de edad considerable siempre planea la sospecha sobre qué oscuras intenciones o intereses hay detrás. A veces es mucho más simple. En nuestro caso es solo una cuestión de amor, nada más.

Nosotras sabemos muy bien qué es eso de salir del armario, lo hacemos constantemente por ser lesbianas y ahora por ser una pareja que se lleva 22 años, lo que se llama una relación intergeneracional.

El otro día escuchamos a mi hija, que tiene cinco años, decirle a un grupo de niños y niñas a los que no conocía:

“yo tengo dos mamás: esa que está ahí, que se llama Luisa, es una de ellas y la que está con ella es su novia Paula. Mi otra mamá está en su casa porque vive en un pueblo”.

Uno de los niños, bastante más mayor que ella, le contestó:

“jolín, no te entiendo nada”.

Aunque su explicación era clarísima, quizás el niño no le entendiera porque sus mayores no le han preparado para ello. Tenemos la gran responsabilidad de enseñarles a nuestros hijos e hijas a estar preparados para entender la diversidad de manera positiva, y de ese modo no tener que estar continuamente saliendo del armario por ser diferente y desarmando todas las presunciones aprendidas desde que nacemos.

¿Que cómo es nuestra familia? Pues como dice Laia, la pequeña de la casa: “Somos equipo”.

Dibujo-Laia
Y formamos uno bastante bueno.


Luisa muchas gracias a ti y a Paula por dejarnos conocer vuestra historia. Me encanta ese sentimiento de amor que se percibe al leeros.

Cada vez me gusta más poder compartir contigo que nos lees historias de familia que hacen que veamos tan natural la diversidad.

Si quieres participar en esta sección del blog y contarnos tu historia ponte en contacto conmigo (isabelibor@hablamedemi.com). Cuantos más seamos compartiendo historias más construiremos ese camino a la normalización de cualquier tipo de diversidad.

Un abrazo,

Isabel.

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